Lila la coneja quería construir la torre más alta del mundo. Un bloque, dos bloques, tres, cuatro...
¡CATAPLÁN! La torre se cayó.
Lila dio un pisotón. Le ardían las orejas y tenía ganas de tirar los bloques por toda la habitación.
Tobi el sapito se acercó dando saltos. —Cuando me enfado —dijo—, respiro tres veces muy despacio. Como si oliera una flor y soplara una vela.
Lila tomó aire... y lo soltó. Tres veces. Las orejas se le enfriaron.
Luego miró los bloques. —A lo mejor la base tiene que ser más ancha —dijo, y puso cuatro bloques grandes uno al lado del otro.
Despacio, con cuidado, la torre creció y creció, ¡hasta ser más alta que la propia Lila!
—La primera torre se cayó —dijo Lila—, pero me enseñó a construir la segunda.
Lo que aprendió Lila
Cuando algo sale mal, para y respira tres veces despacio. Con la cabeza tranquila se te ocurre una idea nueva, y los errores te enseñan qué probar.
Para hablar
- ¿Cómo se sintió Lila cuando se cayó la torre?
- ¿Qué hacía Tobi cuando se enfadaba?
- ¿Qué te ayuda a ti a calmarte?
Pruébalo esta semana
Practica «huele la flor, sopla la vela» tres veces cada día.
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