A Bruno el oso le regalaron por su cumpleaños una bici azul y brillante. Se subió, empujó los pedales y... ¡tambaleo, tambaleo, pum!
Se cayó en la hierba.
—Nunca voy a aprender —dijo Bruno, frotándose la rodilla. Kiko se sentó a su lado.
—¿Te acuerdas de cuando no sabías nadar? Practicabas cada día. Bruno se quedó pensando. —A lo mejor es que todavía no sé montar en bici.
Así que Bruno lo intentó otra vez. Y otra. Cada día llegaba un poco más lejos: cinco pedaladas, luego diez, luego hasta el árbol grande.
A veces todavía se caía, pero siempre se volvía a subir.
Una mañana de sol, Bruno dio la vuelta entera al parque sin parar. Todos aplaudieron.
—Practicar es como magia —dijo Bruno—. Una magia lenta, pero funciona.
Lo que aprendió Bruno
Nadie hace algo bien la primera vez. Cada intento enseña un poco más a tu cuerpo y a tu cabeza. Cuando cueste, añade la palabra «todavía»: todavía no me sale.
Para hablar
- ¿Qué pasó la primera vez que Bruno se subió a la bici?
- ¿Qué palabra añadió Bruno cuando dijo «no sé»?
- ¿Qué te gustaría practicar hasta que te salga?
Pruébalo esta semana
Practica una cosa cinco minutos cada día y colorea una estrella.
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