—¡Papá! ¿Me pones la camiseta? —gritó Kiko.
Papá estaba preparando el desayuno. —Ya eres mayor para intentarlo —dijo—. Pruébalo, y si te atascas, me llamas.
Kiko se metió la camiseta por la cabeza. ¡Ups! El brazo se le fue por el agujero de la cabeza y la etiqueta quedó delante.
Kiko se enfadó. Tenía ganas de rendirse.
Entonces se acordó del truco de papá: la etiqueta atrás, primero la cabeza, luego un brazo y luego el otro. Lo volvió a intentar, despacio. Cabeza... un brazo... ¡dos brazos!
Después los calcetines, empezando por los dedos, y los zapatos, cada uno en su pie.
Kiko corrió a la cocina. —¡Me he vestido yo solo!
Papá le chocó los cinco y Kiko se sintió tan alto como un árbol. Al día siguiente lo hizo aún más rápido.
Lo que aprendió Kiko
Hacer las cosas solo puede costar al principio. Ve despacio, vuelve a intentarlo y pronto será fácil. Ese orgullo del final merece la pena.
Para hablar
- ¿Qué salió mal la primera vez?
- ¿Cuál era el truco de papá?
- ¿Qué cosas sabes hacer tú solo?
Pruébalo esta semana
Vístete solo cada mañana. Colorea una estrella cada día que lo consigas.
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