Kiko el zorro tenía un cuarto lleno de juguetes. Bloques en el suelo, libros en la cama y calcetines debajo de la silla.
Una mañana quiso jugar con su cochecito rojo. Buscó aquí y buscó allá, pero el coche no aparecía por ningún lado.
—Cada juguete necesita su casa —dijo mamá—. Los coches van en el baúl, los libros en la estantería y los calcetines en el cesto. Vamos a buscarle una casa a cada uno.
Kiko suspiró. Ordenar le parecía muy aburrido.
Así que Kiko lo convirtió en un juego. Contaba los bloques mientras saltaban al baúl: ¡uno, dos, tres! Y llevaba los libros a la estantería antes de que mamá contara hasta diez.
Y entonces, debajo del último calcetín, ¿qué encontró? ¡Su cochecito rojo!
Ahora el suelo estaba despejado y había sitio para construir una carretera larguísima para su coche.
—Cuando cada cosa tiene su casa —dijo Kiko—, encuentro mis juguetes y tengo sitio para jugar. Y cada noche, antes de dormir, los juguetes de Kiko también se van a su casa.
Lo que aprendió Kiko
Cuando cada juguete tiene su casa, lo encuentras enseguida y tienes más sitio para jugar. Ordenar es más rápido si lo conviertes en un juego.
Para hablar
- ¿Por qué Kiko no encontraba su coche rojo?
- ¿Qué juegos hicieron divertido ordenar?
- ¿Dónde está la casa de tu juguete favorito?
Pruébalo esta semana
Guarda tus juguetes en su casa antes de dormir. Colorea una estrella cada noche que lo hagas.
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